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  • Arzobispo Jose Gomez

Cuaresma


En nuestros tiempos, existe una gran necesidad de comprender nuestra existencia en términos de lo "sobrenatural" o "celestial". Vivimos en una sociedad gobernada por mecanismos y tecnologías, y nuestro pensamiento tiende a ser finito y limitado a la tierra, determinado por lo que podemos ver y sentir, limitado a las cosas materiales.

Pero la vida humana es mucho más que eso. Hay un mundo natural y también un mundo espiritual que está "por encima" de él. Lo terrenal está abierto a lo celestial, lo visible a lo invisible.

En estos 40 días de Cuaresma, quiero hacer un llamado a todos nosotros, comenzando conmigo, a profundizar nuestra conciencia del misterio de nuestra vida en Cristo. Quiero que intentemos profundizar nuestra conversión personal, en el corazón de los Evangelios y en los escritos del Nuevo Testamento.

Durante estos días de Cuaresma, quiero que volvamos a la figura de Jesús.

Tenemos que recuperar la Encarnación como el camino y la verdad de nuestra vida. Sabemos que Jesús, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, se hizo humano por nuestro bien y por nuestra salvación.

Pero si lo pensamos, Dios podría habernos salvado de muchas maneras. Algunos escritores espirituales dicen que solo una gota de la preciosa sangre de Cristo habría sido necesaria para ello.

En lugar de esto, Jesús eligió entrar en este mundo y atravesar todos los momentos de la vida humana, desde su inicio en el seno de una madre, hasta el final, cuando su cuerpo fue depositado en una tumba.

Al hacer esto, Jesús santificó nuestra existencia terrenal, convirtiéndolo en un camino al cielo. Mientras se humillaba para compartir nuestra humanidad, ahora podemos compartir su divinidad a través de nuestra propia humanidad, a través de nuestra vida humana ordinaria.

Jesús repitió en los evangelios, una y otra vez y de muchas maneras diferentes: "Sígueme". Tu vida debe ser el camino y el patrón de nuestra vida.


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